Un evento de significado histórico se prepara para acoger a peregrinos de todo el mundo en el viaje para celebrar el octavo centenario de la muerte de San Francisco (1226-2026).
El anuncio oficial se realizó el día de la festividad del santo patrón de Italia, desde la logia de la plaza baja, ante los peregrinos reunidos para las celebraciones. Por primera vez, el cuerpo de San Francisco será visible para todos: un don extraordinario, una profunda invitación a la oración y una oportunidad para ver el Evangelio de Cristo vivido en plenitud en la vida de una persona como nosotros.
Esta exposición —se explica—, enraizada en el tema evangélico de la semilla que muere para dar fruto en el amor y la fraternidad, nos invita a reflexionar sobre la vida del santo, que sigue dando fruto después de 800 años e inspirando a toda la humanidad en el camino de la paz, la fraternidad, el servicio a los últimos, la alegría y el cuidado de la creación.
El octavo centenario de la muerte de san Francisco, en 2026, es un momento de recuerdo y renovación. No celebramos la muerte, sino que, reconociéndola como «hermana» de san Francisco, celebramos la vida que brota del don y la ofrenda de uno mismo. Como enseñó Jesús (cf. Jn 12,24), la vida de Francisco, entregada por amor a Cristo y a los hermanos que conoció, es una semilla sembrada en la tierra que sigue dando frutos de paz, fe y amor. Con este espíritu, gracias a la aprobación del Santo Padre León XIV a través de la Secretaría de Estado del Vaticano, se llevará a cabo la exposición pública de sus restos mortales.
Del 22 de febrero al 22 de marzo de 2026, la Basílica de San Francisco en Asís albergará un tesoro revelado. Será una oportunidad única para detenernos en oración ante los restos de aquel llamado «alter Christus», pues es la imagen auténtica de Cristo, espejo viviente del Evangelio.
Esta experiencia nos invita a reconocer cómo la entrega de nosotros mismos en el amor, aunque nos consuma, al vivirse en unión con Cristo, se convierte en el paso a la plenitud de la Vida, que es comunión con Dios Padre y con toda la humanidad por la acción del Espíritu Santo: amor, principio y cumplimiento de la unidad. El cuerpo de San Francisco será trasladado de su tumba, ubicada en la cripta, y sepultado al pie del altar papal en la iglesia inferior de la Basílica de San Francisco.



