Venezuela “vulnerada” con un arma de doble filo, el discurso político

Desde el inicio de los tiempos, el discurso que emiten autoridades y líderes políticos, así como personas que ejercen cualquier función pública, trae consigo un efecto multiplicador en las conductas de la sociedad, según lo indican analistas políticos y psicólogos sociales.

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Pero, cuando el discurso choca con los principios y pautas sociales que forman al hombre desde el seno de su hogar, escuela y el resto de su entorno, sobre las bases del respeto, la consideración por el otro, el saber valorar el proceso de vivir con ese otro y saber que lo complementa, se convierte en un potencial enemigo, precisa la socióloga falconiana, Lisbe Stekman.

La especialista alega que si “el manejo de las ideas, de las filosofías y doctrinas con las que cada estructura política se sostiene, es bien valorado, tomando como centro al hombre para que siempre sea el hombre quien gane desde el punto de vista del respeto, no debería el discurso derivar en algo contario”.

Pero, ¿el discurso político en Venezuela, desde el gubernamental hasta su contraparte, se ha caracterizado por concertar una convivencia a partir de la tolerancia? Stekman enfatiza que el discurso político que hoy se observa y se escucha en el país ha venido desenfundando un efecto totalmente contrario.

“Si agredimos desde el verbo, cuando se habla se amenaza, cuando se habla se discrimina, cuando se habla hay un proceso de desplazamiento de la posibilidad que tenemos todos de manifestar lo que pensamos, en lo que creemos, eso también tiene un efecto peligroso porque ya la gente, por ejemplo, por temor no quiere hablar, no quiere opinar porque teme que el vecino u otra persona que no comparta su criterio, lo perjudique”, comenta la socióloga, reseñando como ejemplo el caso de los medios de comunicación, que cuando ejercen labores de calle las personas evitan ser entrevistadas referente a alguna problemática en sus comunidades o a la situación del país, por temor a represalias.

EL EFECTO ECO CONDUCTUAL

Un discurso violento, descalificativo, insolente y vulgar, segrega y propicia más violencia. Es la simple secuela automática de esa acción irracional, refleja Stekman.

Cuando quienes especialmente tienen el ejercicio de la autoridad se expresan de esa manera, el ciudadano común pasa a ser el protagonista de un efecto multiplicador, lo que se denomina el “efecto eco conductual”, que según refiere la socióloga, no es más que la conducta que se va repitiendo, calificándolo “socialmente dañino y peligroso”.

Venezuela vive una realidad colmada de tensión, propiciada por la evidente inestabilidad social, económica y política que existe, lo que ha provocado que la ciudadanía viva anclada a la incertidumbre y a la angustia, repercutiendo de esta manera en términos psicológicos. Y parte de esa responsabilidad recae precisamente en el discurso político actual porque el mismo se va afianzando en lo cotidiano, sostiene Stekman.

Y precisamente ese verbo “polarizador” ha inducido a la gente a reaccionar de manera más radical e intolerante, y ha pasado a ser el principal contribuyente de las distancias sociales que hoy caracterizan a Venezuela.

Stekman alega que de solucionarse la “situación país,” desde el punto de vista económico, “¿qué vamos a hacer con la conducta luego?, ¿realmente se podría reponer la sociedad?, ¿qué pasará con esas conductas erradas, distorsionadas por discursos violentos? Esas son las preguntas que me hago y que todo venezolano debería hacerse ahora para valorar”.

LA LETAL INDIFERENCIA

Panoramas como el que atraviesa la Venezuela de hoy hacen germinar este cúmulo de contravalores en algunos ciudadanos, pero también genera la indiferencia en otra fracción de la población, que en su intención de no verse perjudicada, se desliga y desinteresa de su entorno social y político.

A juicio de la socióloga, la familia y la escuela, desde su función de socializar, orientar normas y pautas sociales de comportamiento, juegan un rol determinante en la formación de ciudadanos como perceptores críticos y no como emisores eco conductuales, que lo que hace es multiplicar la violencia y vulnera el derecho a vivir en paz.

“No es que a mí me sea indiferente lo que esté pasando, sino que voy a desarrollar una capacidad donde analizo y evalúo lo conveniente y correcto, y lo no conveniente para que pueda asumir la ciudadanía. Ése esquema muy de individualizar la convivencia no es sano porque estás tratando de vivir aislado sin importar lo que pase, y la idea es que nos mantengamos en ese ejercicio de convivir atendiendo las normas sociales, y conocer donde termina mi derecho y donde inicia y termina el derecho del otro, es decir, que sepamos manejar eso”, indica.

DISCURSO PRESIDENCIAL

El discurso del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, el 1 de septiembre del año en curso, había generado muchas expectativas por la jornada de calle que había organizado a favor de su Gobierno y en contraposición a la “Gran Toma de Caracas”; marcha organizada ese mismo día, también en la capital de la nación, por la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como medida de presión para propiciar el referéndum revocatorio.

Sin embargo, la máxima figura gubernamental del país sonó “cuestionador, belicoso, grosero y vulgar”, causando un efecto de rechazo inmediato en parte de la población. Así lo demostraron los mensajes de repudio que la misma ciudadanía daba a conocer a través de medios de comunicación y redes sociales minutos después del referido episodio.

Para Stekman, la alocución presidencial transmitida en vivo y directo a través de la radio, la televisión y medio digitales, fue de gran impacto tanto para ella como para su familia, entre ellos menores de edad, que se encontraban compartiendo el almuerzo, según relata.

“Vemos como el efecto, especialmente en niños, fue automáticamente negativo. Un discurso abusivo, grosero que además fue televisado y en horario todo público. El repudio social fue automático, y lo vimos en nuestras televisoras locales, por un ejemplo más cercano, cuando las personas llamaban a programas de opinión expresando su desacuerdo con lo dicho por el mandatario nacional. Mis nietos me decían: abuela ¿por qué él dice eso? Eso no se debe decir. Entonces, como la visión de un niño, sin tener mayor consciencia de lo que se dijo, para ellos fue un shock”.

LIDERAZGO Y AUTORIDAD=HONESTIDAD + RESPETO

Lisbe Stekman precisa que las personas deben tener coherencia entre su testimonio, lo que creen y lo que hacen para obtener la empatía de los demás. Y en esa relación entre el creer y el hacer, sugieren que se debe ser transparente y confiable, elementos que dan fuerza a líderes, especialmente a aquellos que asumen el ejercicio del poder desde la política.

En ese sentido, afirma que un líder nace cuando se hace seguir desde “la honestidad y confiabilidad, y que a su vez respete el principio de la equidad. Cualidades que se desprenden de la personalidad”.

En medio de la valoración de la bomba discursiva presidencial del 1 de septiembre, en el que luego de vociferar groserías y amenazas dirigidos a sus contrincantes opositores el Presidente instó a la población a “promover los buenos valores”, la socióloga lo describe como una persona “que no tiene manejo alguno de la responsabilidad de lo que dice. Simplemente quiso desandar lo que ya había hecho, y minimizar el grave y negativo efecto de lo dicho, así que el llamado a no desligarse de los valores quedó fuera de lugar”.

VALORAR LOS VALORES

Apoyada en su sapiencia, Stekman rememora que los valores “no son cosas” y que siempre han permanecido latentes y permanentes a disposición de ser tomados en cuenta, acotando a la vez que la diferencia que marca a las familias disfuncionales radica en el no cumplir las normas sociales.

Estima que el dilema recae en que “nosotros no estamos encarnando nuestra conducta desde los valores sino desde los intereses, desde lo individual, entonces, podríamos decir que esa escala de valores se distorsiona. Es la escala, no el valor lo que se distorsiona, porque la justicia sigue siendo justicia, la generosidad es generosidad, el respeto es el respeto”.

En función de ello, reiteró que el efecto de todo discurso tendrá una valoración y cada ciudadano determinará, desde ése punto, su propio aprendizaje.

En ese sentido, plantea que el cambio en las alocuciones de cada bando político podría diluir el odio, la agresión y el temor en los venezolanos, quienes a diario viven arropados por la guerra campal entre el Gobierno actual y sus opositores políticos por acusarse mutuamente del conflicto nacional, sin ver que el notable agotamiento del factor democrático en sus palabras genera el verdadero caos que podría llegar a ser irreversible en el país.

Wilene Sayago

Fotos: Referencial.

Cactus24 (06/09/16).