Relato de sobreviviente en tragedia en Poli-Carabobo: “Se formó una balacera. Fue muy fuerte. Disparaban de ambos bandos”

IMAGEN REFERENCIAL

Era miércoles Santo. Algunos privados de libertad en la Comandancia General de la Policía de Carabobo aun dormían. Hasta que una “luz” (anuncio de un pran) los despertó: “esos chamos que se guardan”. Y todos se esconden. La orden se debe cumplir. Algunos pensaron que se trataba de “algo” que no podían ver, como siempre, un pase de armas, droga o una visita.

Carlos (nombre ficticio) escuchaba a “los chamos que llevan eso” (se refiere a presos que tienen el control del recinto) que hablaban. Cosas entre ellos. A los minutos llegó una nueva alerta: “esos chamos que recojan sus cosas porque los tipos (policías) se quieren meter”.

Cuando una “luz” habla hay que obedecer. Carlos se puso sus zapatos y estaba pendiente de su ventilador y artículos personales. Sabía que algo pasaría y se ubicó en la reja, buscando salida. “Se formó una balacera. Fue muy fuerte. Disparaban de ambos bandos”, cuenta pausadamente. Las heridas no lo dejan articular bien.

Con las balas llegaron lacrimógenas. Carlos estaba en el piso ahogándose. Evitaba que lo alcanzara un proyectil. Se paró para salir pero las llamas arropaban la puerta. Se armó de valor y decidió atravesarlas. Sus brazos agarraron fuego y debió regresar. Al voltearse, su espalda también estaba cubierta en candela porque las llamas se intensificaron.

“Unos panas me apagaron. Me arrodillé y dije: bueno, señor, si esta es tu voluntad, que yo muera de esta manera, bienvenida sea. Clamé a Dios y le pedí perdón por mis pecados”, relata. Enseguida escuchó una voz que decía: salir, salir, salir.

Aunque no veía nada, Carlos pudo salir y esperaba un balazo. Solo recibió “cascazos” y golpes. Su piel colgaba producto de las quemaduras profundas que sufrió durante el incendio, presuntamente, originado por otros reos.

Hace un año lo agarraron en Fundación Mendoza, Sur de Valencia, con un “paquete”. Significa que lo atraparon luego de seguir a un cliente que salió de un banco con dinero para robarlo. Pero desde hace tres meses había sido trasladado a la Comandancia General donde esperaba que iniciara su audiencia. Su caso aun está en los 45 días que se convirtieron en casi 14 meses.

Casi a mediodía, cuando afuera de la Comandancia ya estaba repleta de familiares y medios de comunicación, sacaron a Carlos a la cancha que está en la Policía. Tenía quemaduras de primer grado y, quizás por castigo, lo pusieron bajo un inclemente sol. A su lado estaban más heridos.

“Convive te quemaste bastante pero estás vivo. Mira para allá”, le dijo otro recluso muy amigo con el que compartía hasta la comida, mientras le mostraba una fila de muertos que no tuvieron su suerte durante el incendio. En su mente recuerda unos 50 “compañeros de lucha” carbonizados en el suelo, de al menos 300 detenidos en ese retén preventivo.

El sol intensificaba el ardor y se atrevió a moverse a la sombra, al lado de los muertos.

—Tu no te vas a mover de allí. Aguanta. ¿Tú no eres malandro? Le gritaba un oficial.
— Si, soy malandro pero soy un ser humano, replicó.

Carlos recuerda las burlas de los funcionarios cuando lo obligaban a permanecer bajo el sol. Tenía ambos brazos quemados. No hacia más que seguir pidiendo a Dios que lo ayudara a resistir hasta que fue trasladado a un centro asistencial. Sabía que en algún momento podría ocurrir una tragedia porque los pranes ya habían amenazado a los policías.

Dentro de unas semanas tiene audiencia. Espera lograr una medida cautelar para salir en libertad. Bajo su condición y el hacinamiento en las cárceles sería complicado compartir una celda, dice.

Mientras tanto, continúa en recuperación.

Cactus24 31-03-18

ATENCIÓN: Cactus24 no se hace responsable de los comentarios emitidos por los lectores.