Papa en el Domingo de Ramos: «Muchos admiran a Jesús, pero sus vidas no cambian»

En un segundo Domingo de Ramos de pandemia, «en que estamos más cansados y la crisis económica se ha hecho más pesada», el Papa Francisco ha comentado el cambio de actitud de la gente de Jerusalén, «que en pocos días pasó de aclamar con ‘hosannas’ a Jesús a gritar ‘¡crucifícalo!’. En realidad, aquellas personas seguían más una imagen del Mesías, que al Mesías real».

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Debido a la ciática, el Papa cojeaba visiblemente a lo largo de una procesión de las palmas de tan solo unas docenas de metros desde el altar de la Confesión, en el centro de la basílica de San Pedro, hasta el de la Cátedra, situado en el ábside, sede de la misa con 30 cardenales para 120 personas en los bancos y millones en «streaming» y televisión.

En su homilía, Francisco ha comentado que, al igual que los ciudadanos de Jerusalén, «también hoy muchos admiran a Jesús, porque habló bien, porque amó y perdonó, porque su ejemplo cambió la historia. Lo admiran, pero sus vidas no cambian. Porque admirar a Jesús no es suficiente. Es necesario seguir su camino».

El Papa ha invitado a pedir «la gracia del estupor», de dejarse sorprender, pues «la vida cristiana, sin asombro, es monótona. ¿Cómo se puede testimoniar la alegría de haber encontrado a Jesús, si no nos dejamos sorprender cada día por su amor admirable, que nos perdona y nos hace comenzar de nuevo?».

Según Francisco, «si la fe pierde su capacidad de sorprenderse se queda sorda, ya no siente la maravilla de la gracia, ya no experimenta el gusto del Pan de vida y de la Palabra, ya no percibe la belleza de los hermanos y el don de la creación», recoge el diario ABC. 

Como ejemplo de ese estupor, el Santo padre ha presentado al centurión que estaba ejecutando la pena de muerte y al verlo «expirar así́, exclamó: ‘¡Realmente este hombre era Hijo de Dios!’». El motivo es que «lo había visto morir amando. Sufría, estaba agotado, pero seguía amando».