Muhammad Ali: gigante camarada; negro alzao por Inti Clark

 

Blom

 

Por Inti Clark Boscán

a Benito Paredes, un padre, un amante del box,

en fin, un hombre feliz y de pinga.

 

Pertenezco a una generación que no vio pelear a Muhammad Ali en vivo, pero ya reconocíamos su leyenda. Nos ponía en suspenso y apostábamos en nuestras comunidades por peleas entre Sugar Ray Leonard o Marvin Hagler. Las apuestas no pasaban de un pan dulce o un refresco barato en el abasto del portugués.

El boxeo era una práctica inalcanzable para nosotros y como éramos chamos de los barrios y comunidades de este país, pasaron dos cosas: una, escogimos los deportes colectivos como futbolito, basket o voleibol, y la otra fue, que nunca sentimos prejuicios o nos ganó una concepción simplona o aséptica sobre este deporte tan exigente y tan agotador como encerrarse en un ring a dar y recibir coñazos.

Ha partido un gladiador negro musulmán. Gigante camarada, negro alzao, bailarín con más de cien kilos; veo a estos boxeadores de ahora y pienso que la conducta y vida social de éstos no se acercan a la de Alí. Sin ánimo alguno, de rebajarlos técnica y pugilísticamente, no deja de ser interesante que mientras Mike Tyson, le lanzó televisores a la gente y se tatuó el ojo o le mordió la oreja a uno de sus contrincantes, Muhammad Ali pagó con cárcel y con la suspensión para pelear al negarse a cumplir el servicio militar obligatorio, también decidieron retenerle el pasaporte por parte del gobierno norteamericano y la pérdida de buenos años para el deporte.

El boxeador afroamericano que cambió su nombre de Cassius Clay a Muhammad Ali, dijo en esta oportunidad cuando lo obligaban a ir a luchar a Vietnam: “Yo no voy a ir 10.000 millas lejos de mi casa para ayudar a asesinar y quemar otra pobre nación simplemente para continuar la dominación de los blancos esclavistas sobre las personas más oscuras en el mundo entero”.

También podemos referir que mientras Floyd Mayweather se toma fotos derrochando fajos de dólares y con nenitas en traje de baño, vale la pena recordar que Mohamed Alí viajó a Cuba en una delegación de ayuda humanitaria por haber sido golpeada la isla por un feroz huracán y estando allá se encontró con Teófilo Stevenson, otro grande del box y con el cual quisieron que se enfrentara, así como se reunió con Fidel Castro.

Amigo de los pueblos negros y marginados por el imperialismo de su propio país, se marcha un boxeador que dividió la historia de este deporte. Su figura es tan atractiva fuera del ring como para no perdonarle su posición crítica y cuestionadora a las injusticias sociales. Provocador, irónico y burlón con sus contrincantes. Hombre político incluso con posiciones contradictorias; pugilista que creía en ancestros; el único peso pesado que se movía con una destreza y agilidad poca vista; el Islam y Alá ocuparon su corazón.

Quisiera despedirme con una pequeña postal, un gran poema de Juan Manuel Roca:

 

Monólogo del boxeador

“Por qué te has hecho boxeador”,

le preguntaron al irlandés Barry MacGuigan,

campeón peso pluma. Él respondió: “No puedo ser poeta.

No sé escribir historias…”

Joyce Carol Oates

No sé escribir,

Aunque por rara paradoja

Sea peso pluma.

Aún así esculpo vacíos en el aire:

Que dónde esté mi rostro

No esté el puño rival.

Doy una lección de ventanas,

Hago fintas y huecos en el aire.

Yo me enfrento en los tinglados

A la más oscura pesadilla:

El otro y su sombra.

No le temo a la muerte,

Cuando venga,

Que sea en cámara lenta,

Como esos golpes

Que veo venir desde el pasado.

Mi religión es el riesgo:

Acudo a su liturgia

Cuando suena la campana,

Pero al paso de los golpes

Me amedrenta la vejez.

Por eso elevo una plegaria:

San Joe Louis, que la muerte

No me venza por puntos,

Que lo haga por K.O.