Brasil rescató en Fortaleza a una empleada doméstica de 62 años que pasó 55 de ellos sometida a trabajo análogo a la esclavitud por tres generaciones de una misma familia, sin salario, sin vacaciones y sin aprender a leer ni escribir, según reveó la agencia ANSA a partir de datos del Ministerio Público del Trabajo.
Según una división de ese organismo estatal especializada en la liberación de personas en situación de esclavitud, la mujer fue encontrada en la ciudad de Fortaleza, estado de Ceará, donde vivía sometida desde 1971.
De acuerdo con el testimonio de la víctima, fue obligada a seguir a la familia que la mantenía en esa situación. En 1982 comenzó a trabajar en la casa de la hija de su primera patrona y, décadas después, en 2014, fue trasladada a otra residencia para continuar realizando las mismas tareas domésticas para la siguiente generación.
El caso expuso un tipo de explotación que los especialistas consideran un legado de la esclavitud abolida en 1888. La mujer, cuya identidad fue protegida, había entrado a servir a los siete años. Su madre también trabajó para la misma familia.
La fiscal especializada en erradicación del trabajo esclavo doméstico Maria Neuzeli dijo a la prensa local que la víctima “vivía en una especie de prisión”. No manejaba dinero, no tenía cuenta bancaria, ni amigos, y nunca había ido sola a la playa.
“Su rutina comenzaba a las 4.30 horas, preparando el desayuno y organizando la salida de los niños hacia la escuela. Durante el día continuaba con la limpieza y la preparación de alimentos, sin que se le concedieran días de descanso”, informó el Ministerio.
La conmoción por el rescate se amplió cuando las autoridades decidieron que la mujer permaneciera, por ahora, con sus patrones mientras buscaban a sus parientes. La mujer vivía confinada y sin contacto con su familia, y su dependencia de la casa es tan extrema que una separación inmediata podía causarle más daño.
El fiscal Luciano Aragão Santos, coordinador nacional para la erradicación del trabajo esclavo, argumentó que los rescates en el ámbito doméstico “son aún más complejos” porque la víctima suele quedar privada de autonomía, con los lazos familiares anulados y sin acceso a la salud o a la educación, detalló El País.
Los patrones actuales, tercera generación de una familia, aceptaron un pacto con la fiscalía laboral. Se comprometieron a comprarle un departamento por USD 30.000, “totalmente amueblado y con electrodomésticos”, y a pagarle otros USD 10.000 como indemnización, según la nota oficial.
El acuerdo no impidió que la trabajadora reclame otros derechos por vía judicial. De acuerdo con el medio digital G1, la familia también quedó bajo sospecha de fraude porque el Ministerio Público del Trabajo detectó indicios de que se apropiaba de USD 115 mensuales que ella recibía como ayuda contra la pobreza a través de Bolsa Familia.
Los integrantes de la familia eran dos jubilados, un abogado, una funcionaria y un veterinario.
El bufete que difundió su versión sostuvo que los acusados “niegan rotundamente las acusaciones, que no reflejan la relación de convivencia, cuidado y afecto construida a lo largo de décadas con la señora implicada”.
El caso salió a la luz por una denuncia anónima. Las autoridades brasileñas rescataron en 2025 a más de 2.700 víctimas de trabajo en condiciones de esclavitud, y dos tercios de esos casos ocurrieron en ciudades.



