Para algunas, pintarse lo slabios es casi automático. Un rojo antes de una reunión importante, un tono nude para el día a día o un brillo cuando quieren naturalidad y un rostro descansado.
Al otro lado están las mujeres que podrían tardar meses en acordarse de que tienen una barra de labios en el neceser y no lo hacen ni siquiera en una boda o una cena especial. La escena parece obvia y algo superficial, pero alrededor de un simple pintalabios caben muchas preguntas sobre cómo nos vemos, cuánto espacio ocupamos y qué relación tenemos con nuestra imagen.
Cuando le planteamos esta pregunta a Patricia Sánchez, psicóloga, terapeuta transpersonal, mentora experta en Relaciones Avanzadas y Sexualidad Consciente, y autora del libro Amor sin filtros: el manual definitivo para crear una relación intensa, real y para toda la vida y creadora del podcast Amor sin Filtros, su respuesta se aleja bastante de los tópicos.
Tras años trabajando autoestima, vínculos y percepción personal, coloca el foco en el lugar emocional desde el que hacemos las cosas.
La imagen de una mujer con labios rojos arrastra décadas de simbolismo. Ese gesto que parece decir «hoy voy con todo», aunque luego cada una lo viva de una manera distinta. Para Patricia Sánchez, puede guardar relación con ciertos estados internos, aunque rechaza convertirlo en un rasgo fijo de personalidad.
«Más que un rasgo de personalidad como tal yo diría que hay una relación entre la autoestima, el empoderamiento, la seguridad y el estado emocional de las mujeres que se pintan los labios a diario», explica.
El ritual de maquillarse también habla, según la psicóloga, de tiempo propio. «Cuidarse y, en concreto, a pintarse los labios nos indica que esa mujer se dedica tiempo, se siente femenina y quiere resaltar y potenciar sus cualidades y su rostro», afirma. Los labios ocupan un lugar simbólico especial. Resaltarlos puede convertirse en una manera de ocupar espacio visualmente y de sentirse cómoda con ello. «Los labios son una parte muy seductora, femenina y diferenciadora de las mujeres», resume Patricia.»Un tono intenso como rojo o burdeos muestra a una mujer segura, enraizada, femenina, pero con determinación, decidida y que no se recorta», señala la experta. Aunque el mismo gesto puede esconder motivaciones muy diferentes. «Los mismos labios e incluso el mismo color rojo carmín pueden esconder una necesidad de llamar la atención, de recibir validación externa y una autoestima debilitada», matiza. Por eso, insiste, el verdadero análisis arranca con una pregunta mucho más reveladora: «¿Para qué y desde dónde se los pintan?». Aunque los pintalabios oscuros proyectan fuerza y determinación, pero eso no convierte automáticamente los tonos discretos en una versión menor de feminidad. «Los colores claros o más discretos muestran a una mujer más dulce, más calmada, pero en esa tranquilidad se esconde una gran fuerza femenina muy elevada también», explica la psicóloga
También influye el momento vital. Patricia Sánchez recuerda que muchas mujeres cambian de tonos según cómo se sienten o la etapa que atraviesan. «Una mujer puede variar de un color a otro en función de su etapa del ciclo menstrual, de su estado de ánimo y de su momento vital», apunta.



