El régimen de Cuba confirmó este viernes la muerte de Joanne Deborah Byron, conocida mundialmente como Assata Shakur, quien residía en la isla caribeña desde hacía más de cuatro décadas como fugitiva de la justicia estadounidense.
“El 25 de septiembre de 2025 falleció en La Habana, Cuba, la ciudadana estadounidense Joanne Deborah Byron, ‘Assata Shakur’, como consecuencia de padecimientos de salud y su avanzada edad”, informó el Ministerio de Relaciones Exteriores en una breve nota oficial. Shakur tenía 79 años y permanecía en Cuba desde mediados de los años 80, tras recibir refugio bajo el régimen de Fidel Castro.
La noticia fue también confirmada por su hija, Kakuya Shakur, a través de redes sociales. Allí precisó que la muerte de su madre ocurrió alrededor de la 1:15 de la tarde del 25 de septiembre, momento en el que “tomó su último aliento terrenal”. “Las palabras no pueden describir la profundidad de la pérdida que siento en este momento”, expresó Kakuya, en un mensaje cargado de dolor.
Nacida en Nueva York, Shakur se unió al Black Liberation Army, una organización armada surgida en el contexto de las Panteras Negras. En 1977 fue condenada a cadena perpetua por varios delitos, entre ellos el asesinato del agente estatal Werner Foerster, de 34 años, quien murió el 2 de mayo de 1973 durante un enfrentamiento en la autopista de Nueva Jersey. Dos años después, logró escapar de una prisión de máxima seguridad. Su paradero se mantuvo en secreto hasta 1984, cuando reapareció públicamente en La Habana, donde obtuvo asilo político.
Aunque diversas investigaciones señalaron inconsistencias en el proceso y ella siempre sostuvo su inocencia, el FBI la mantuvo en su lista de los más buscados, con una recompensa de un millón de dólares por su captura.
En más de una ocasión, Shakur reivindicó su lucha contra lo que consideraba la raíz de las injusticias en Estados Unidos. “Defiendo el fin de la explotación capitalista, la abolición de las políticas racistas, la erradicación del sexismo y la eliminación de la represión política. Si eso es un delito, entonces soy totalmente culpable”, escribió en 1997 en una carta dirigida al Papa Juan Pablo II.



