El Papa Francisco beatifica a Juan Pablo I

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Poco después de las 10:35 de este domingo, el Papa Francisco pronunció la fórmula oficial que elevó a Juan Pablo I a los altares. «Con nuestra autoridad apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios Juan Pablo I, Papa, de ahora en adelante sea llamado beato y que se le celebre cada año en los lugares y según las normas establecidas por la ley, el 26 de agosto», proclamó Francisco.

A continuación, simbólicamente, bajo el mismo balcón de la basílica de San Pedro al que este Pontífice se asomó tras su elección el 26 de agosto de 1978, fue descubierto un tapiz con el retrato del nuevo beato, pues desde ese instante puede ser venerado en la Iglesia católica. Mientras tanto, la ‘schola vaticana’ cantaba un aleluya y unos diez mil peregrinos aplaudían
En su homilía, Francisco recordó la huella que Juan Pablo I dejó en la Iglesia con sus 33 días de pontificado y la lección que transmite a los cristianos de hoy. «Con su sonrisa, logró transmitir la bondad del Señor», ha recordado esta mañana el Papa. «Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, sereno y sonriente, una Iglesia que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada ni es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado», ha reivindicado.

El Papa ha destacado que Juan Pablo I «vivió con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo. Encarnó la pobreza del discípulo, que no implica sólo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación de poner el propio «yo» en el centro y buscar la propia gloria. Fue un pastor apacible y humilde».

Evocando el ejemplo de ese Papa, ha desafiado a los católicos a «no vivir a medias». «Si no apuntamos hacia lo alto, si no arriesgamos, si nos contentamos con una fe al agua de rosas; si, por miedo a perdernos, renunciamos a darnos, dejamos las cosas incompletas: las relaciones, el trabajo, las responsabilidades que se nos encomiendan, los sueños, y también la fe, acabamos por vivir a medias», ha asegurado. Se trata de «vivir sin dar nunca el paso decisivo, sin despegar, sin apostar todo por el bien, sin comprometernos verdaderamente por los demás, como nos pide Jesús», ha insistido.

En primera fila le escuchaban la religiosa que descubrió el cadáver del pontífice en el apartamento papal y la sobrina de Juan Pablo I, Lina Petri. Ella fue la encargada de entregar al Papa la primera reliquia del Papa beato, un manuscrito de Juan Pablo I con un esquema de su explicación sobre las tres virtudes teologales. Fue el mismo tema que desarrolló durante los 33 días de pontificado.

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