“El hombre y su asombro eterno frente a las nuevas formas del fuego”

INDIRO

No es fácil hacer un ejercicio imaginario desde el presente para saber qué pudo haber pensado el homínido con menos de un cinco por ciento de desarrollo cerebral cuando se encontró con el fuego muy de cerca por vez primera. ¿Se daría cuenta en algún momento de que el sol es también fuego? ¿Notaría alguna similitud?

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Cuando lo miró por primera vez quizás sintió miedo o quizás curiosidad o simplemente le fue insignificante. Estaba frente a una energía que transformaría su vida, pero que ignoraba. Al momento de intentar tocarlo, damos por hecho obvio que se quemó y retiró su mano aterrado porque aun no pudiendo tocarlo quedaría con su recuerdo doloroso.

¿Qué es esta cosa que ilumina, que también puede crear sombras? Obviamente en un mundo de no palabras, las cosas no tienen nombre y estos fenómenos como la luz y la sombra pero también el calor crean la imperiosa necesidad de llamar, denominar, nombrar de alguna manera. La palabra quizás viene por invitación del fuego.

El haber aprendido la manipulación del fuego le sirvió como fuerza para hacerse respetar por adversarios y depredadores. También como una razón para contemplarlo en comunas y promover así una mayor cohesión y sentimiento de protección. Convirtiéndose entonces el calor del fuego en sentimiento de tranquilidad. Ese sentimiento que aplaca los miedos permanece en nuestros días y le llamamos “calor del hogar”.

Quizás la primera vez que el hombre vio el fuego estuvo muy asombrado frente a lo desconocido que le resultaba. A la luz del día miró hacia arriba y observó entonces un fuego mayor inalcanzable. Y una vez más reunido con los suyos alrededor del fuego por las noches en estado de mayor tranquilidad tuvo sus primeros pensamientos reflexivos. Muy probablemente haya sido solo una exhalación, un suspiro.

Sin saberlo, en ese suspiro estaba también contenido el fuego. Desde lo lingüístico: el sufijo “piro” traduce fuego. Y desde lo biológico: el aire que sale lleva el calor de la vida. Y así, en lo sucesivo el fuego fue motivo de muchas Ins – pira- ciones para el hombre en su evolución.

Por momentos algunos no deseaban avanzar y se acorralaban en su único mundo temiendo conocer verdades distintas como en la alegoría de las cavernas. El primitivo temor a quemarse con lo desconocido subyace en la psiquis y en la memoria de la piel de muchos. Por lo tanto conocer algo nuevo despierta antiguos miedos.

Desde el homínido hasta el humano actual, el hombre ha conocido la combustión, la electricidad, la transmisión de la voz por ondas hertzianas, luego la imagen, los sistemas de transportes y a cada momento algunos con sus expresiones de asombro y particular entusiasmo se hacen partícipes. Otros en cambio despiertan sus antiguos miedos y se oponen a cosas “demoníacas” recordando así la dualidad de dioses y demonios que les han acompañado en sus razones.

Con la electrónica nacen otras formas de fuego y da aparición en escena a los sistemas computacionales. El fuego se divisa en una pantalla y permite la evolución de todos los sistemas ya conocidos: la combustión, la transmisión de sonido e imagen, todas las áreas de la vida moderna y los sistemas de transporte. Por el fuego llegó el hombre a pisar nuestro satélite natural y explorar más allá la frontera de la cúpula celestial.

El fuego con su fuerza destructora arrasa con viejos paradigmas y promueve lo moderno. Su fuerza transforma también todas las especialidades de la salud y ya puede el hombre mirar sus entrañas y las actividades cerebrales con la tecnología de la neuroimagen. Los viejos conceptos de algunas ramas de la salud mental se quedan rezagados en las cavernas protegidas por escuelas negadas a salir del encierro en el que se han encontrado estos años.

El hombre actual, sigue asombrándose frente a lo nuevo y sigue resistiéndose a aceptarlo.

Mirando más allá el hombre ha querido ser eterno como el fuego y entonces se hace de la idea de que este habita dentro de sí; por eso inventa la palabra Es – píri – tu que traducido es: soy fuego.

Lic. Indiro Delgado

Máster Trainer en Psicogerencia

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